Aprobada la privatización de las semillas en Chile


Aprobada la privatización de las semillas en Chile
Lo que cientos de años de cultura crearon, al capital se venden según Monsanto

Mientras en el territorio pululaban las manifestaciones en contra de la nefasta aprobación de Hidroaysén, en el senado un grupo de terroristas muy bien vestidos aprobaba la adhesión de Chile al tratado de la UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA PROTECCIÓN DE LAS OBTENCIONES VEGETALES en su versión de 1991 (Upov91). 
La UPOV fue creada por el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales. El objetivo del Convenio es la protección de las obtenciones vegetales por un derecho de propiedad intelectual. Según nos indica la página web de esta organización, la misma tendría por misión “Proporcionar y fomentar un sistema eficaz para la protección de las variedades vegetales, con miras al desarrollo de nuevas variedades vegetales para beneficio de la sociedad”. Lindo, muy lindo, pero esto es tan cierto como que Hidroaysén se construirá para que no nos salga tan cara la cuenta de la luz. Para aquellos que no captaron el sarcasmo, lo que quisimos decir es que ES MENTIRA. 

Este convenio, que se encuentra dentro de los compromisos pactados con gringolandia en el marco de nuestro TLC, sienta las bases legales para la regulación de la propiedad intelectual de multinacionales sobre las variedades de semillas. Dentro de una serie de condiciones muy vagas, y por ende muy permisivas, el tratado plantea que cualquier persona natural o jurídica que tenga el dinero y los conocimientos técnicos para realizarlo, puede presentar una solicitud en el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y hacerse de un "derecho de obtentor". Esto que, poco difiere de una patente, recae sobre cualquier variedad de vegetal, incluido sus derivados, que puedan ser reconocidas como "nuevas". Lo que no dicen, es que para reconocer a una variedad como nueva, la ley se enfoca en aquellas variedades de plantas que no hayan sido previamente inscritas. En términos concretos da el pie para que, no solo se inscriban los nuevos transgénicos que se diseñan día a día, sino que se podrán patentar variedades tan antiguas como las culturas que las engendraron. 
Además de prohibir la utilización libre de semillas inscritas, el presente tratado pena la práctica de almacenar semillas que resulten de la propia producción de los agricultores. A modo de ejemplo, digamos que usted compra dos sacos de porotos inscritos y los siembra, la producción resultante de esto le dará varios sacos más de porotos, de los cuales una parte no será vendida sino que utilizada para sembrar la siguiente temporada. Bueno ahora, con el último numerito de los senadores, si usted realiza está práctica, tan generalizada y corriente, peligra ser demandado por grandes multinacionales. Si usted es de aquellos que confía en las siempre efectivas prácticas que se realizan al alero de la ilegalidad (aparte de felicitarlo) le tenemos que comunicar, tristemente, que en otros países donde se ha implementado este sistema las multinacionales han dispuesto de policías privadas que se encargan de tomar muestras de los cultivos de la gente para asegurarse de que no se viole su derecho de obtentor. Así que si usted pensaba que, "filo yo planto igual no más" puede que algún día lo vengan a visitar unos abogados para exigirle la factura de la compra de semillas de la actual temporada, o en su defecto unos cuantos milloncitos en multas. Habrá que pensar en formas de resistir más complejas.
Como todo en nuestra historia, existen responsables directos, de carne y hueso, y no como nos quieren hacer pensar con frases como "lo que el mercado necesita", como si el mercado fuese un ente supranatural con voluntad propia y ajena a la nuestra. Aquí existen personas que trabajan en grandes corporaciones como Monsanto, dueño del 90% de la semillas transgénicas en el mundo, y cuyas artimañas y desfachateces se pueden observar en el documental “El mundo según Monsanto”, o “Monsantoland”, por su nombre en inglés (vea el link al final de este artículo). En nuestro territorio el accionar de Monsanto fue encabezado por ChileBio con el apoyo de Anpros (la asociación gremial de productores de semilla transgénica de exportación) el Diario Financiero, virtual vocero del negocio de exportación de semilla transgénica y, por supuesto, por nuestros queridos senadores, entre el que se destaca Carlos Larraín, senador por la región de Los Ríos.
Para irle cerrando la copucha, le contamos que este tratado internacional, como muchos otros, no regula directamente lo que intenta regular, para eso se necesitan leyes específicas. Si bien esto puede ser un problema en algunos casos (como la dificultad de hacer valer el tratado 169 de la OIT, y que nuevamente fue y será violado por este nuevo tratado) en este caso ya hay trabajo adelantado porque la carismática presidenta Bachelet mandó el proyecto de ley que regula derechos sobre obtenciones vegetales y deroga ley N° 19.342 (Boletín Nº6355-01) en diciembre de 2008 y en estos momento ya está siendo evaluado en el Senado.
La RAE define esclavitud como la "sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación", ¿que tanto se aleja su condición de esta definición?