Publicado el 10 de mayo de 2011

Nuevo día de Manifestaciones en repudio a Hidroaysén

A oídos sordos piedrazos gordos
 Nuevo día de manifestaciones en Valdivia por rechazo a Hidroaysén

Acabamos de leer una carta de respuesta de un dirigente Mapuche a un funcionario de gobierno, en donde el caballero en cuestión ofrece una negativa a la invitación del funcionario a participar en un taller que tratará sobre las nuevas modificaciones al reglamento SEIA. El argumento del dirigente Mapuche alude a su descontento para con las prácticas "democráticas" del gobierno en cuanto a la participación ciudadana, señalando que: “estas consultas y procesos de participación, solo tienen por finalidad lograr nuestras firmas en la hoja de asistencia, con ello poder presentarlas en los tribunales en posibles recursos legales como pruebas que esta participación se efectuó”

Este mismo descontento podemos verlo en cada persona que sabiamente haya sabido desencantarse con nuestra democracia. Este mismo descontento pudimos verlo hoy en cientos de jóvenes que manifestándose primero de forma totalmente pacífica, no recibieron por parte de las autoridades más que el agua del guanaco y el gas de las lacrimógenas. Oídos sordos tuvieron también las autoridades frente a años de manifestaciones contra la construcción de hidroeléctricas en la Patagonia.

Nuestros jóvenes, espíritus críticos en una sociedad donde el hastío y la apatía se mezclan en el tedio de la rutina, salieron hoy a hacerse escuchar. No más oídos sordos. Se marchó en paz, se cantó alegremente el descontento de la mayoría de los chilenos, y se recibió represión. Entonces se optó por devolver la violencia.

Si usted revisa otros medios locales, se encontrará con la noticia de que hubo heridos en ambos bandos. De hecho algunos medios rezan de una joven herida y tres carabineros. Nosotros por lo menos vimos a dos estudiantes con sus caras llenas de sangre y los últimos reportes policiales hablan de 5 estudiantes impactados con bombas lacrimógenas. Pero esto no tiene nada que ver con el número de heridos, ojala no hubiera ninguno. Esto tiene que ver con la impotencia que deja en el ánimo, la rabia acumulada, la cólera en las venas, y todo lo que surge al ver funcionarios entrenados cerniendo su ataque contra hombres y mujeres desarmadas. Utilizando para esto armamento de combate, trajes acorazados, escudos, guanacos, zorrillos y una institucionalidad que los apoya.

No son delincuentes los que se enfrentaron con carabineros hoy en el frontis de la Universidad Austral, son solo aquellos y aquellas que se hicieron escuchar, a pesar de que era una batalla perdida. Cada estruendo de una piedra al chocar contra la coraza del guanaco, nos recuerda que la guerra no está perdida.