Publicado el 4 de agosto de 2020

La izquierda y su posición frente a la modernización del Servicio de Inteligencia del Estado

Entrevista Realizada por Radio 18 de Octubre - Panguipulli

Roberto Sáez, periodista y magister en Ciencias Militares,  nos habla en esta entrevista sobre la necesidad de la modernización del Sistema de Inteligencia del Estado al servicio de la ciudadanía, tema sumamente importante, ya que el gobierno ha tratado de impulsar reformas en esta línea, que nos hace como izquierda preguntarnos cuánto conocemos y estamos informado para establecer un debate serio y propositivo al respecto, considerando nuestra realidad, pero también la realidad latinoamericana que no ha estado exenta de considerar a las fuerzas armadas dentro de procesos tanto revolucionarios como contra revolucionarios.

1. ¿Por qué consideras fundamental la discusión del rol de la defensa nacional?

Es fundamental porque refiere a una de las funciones básicas del Estado. La administración de justicia, proveer recursos, las relaciones internacionales, la estabilidad interna y la defensa nacional, son cualidades esenciales que actualmente, bajo su enfoque neoliberal, se han puesto en entredicho por la mayoría de nuestro país. 

Repensar un nuevo Estado, un modelo de desarrollo de nuevo tipo, una nueva estabilidad política y económica basada en la soberanía popular y el respeto a la dignidad de nuestra gente, en definitiva un nuevo proyecto nacional, implicará una lesión a varios intereses que hasta la fecha han usufructuado del modelo vigente y que recurrirán a las leyes nacionales e internacionales, al dominio de la opinión pública, a la diplomacia, a la corrupción y eventualmente a la fuerza bruta, con el objeto de garantizar su interés. Esta mirada no es una concepción moral sino una mirada realista de los paradigmas vigentes en el sistema internacional y en la gobernanza política contemporánea. Hemos sido testigos de diversos proyectos regionales de recuperación de la dignidad y soberanía nacional que han sido erosionados o minados a través de diversas fórmulas, siempre con la Casa Blanca como centro de mando y control. 

Desde nuestro punto de vista, el proceso de transformación social en curso requiere repensar la defensa nacional con el propósito de desarrollar una variable que asegure la irreversibilidad del proceso de cambio y al mismo tiempo que logre modernizar los paradigmas del pensamiento estratégico militar, toda vez que el crítico escenario internacional nos plantea nuevos dilemas geopolíticos y amenazas a nuestra seguridad, en ese contexto, me parece que es preciso que la agenda de nuestro sector político –que se opone a este modelo- en materia de defensa nacional, deje de abordarse de modo fragmentado, es decir, Derechos Humanos, probidad y transparencia, género, financiemiento, etc, vistos por separado y puedan repensarse  en una perspectiva estratégica. El nuevo Chile debe aprender a defenderse.

2. Producto de la catástrofe sanitaria, hemos visto a militares desplegados en las calles cumpliendo varias funciones ¿Dónde está el límite entre la función militar y la función policial?

Es una línea difusa. Actualmente, las situaciones críticas, ya sea en catástrofes o conflictos, tienden a combinar lo militar y lo no militar en una misma zona gris, es un fenómeno global que obedece a nuevos paradigmas en el pensmaiento estratégico militar. Me parece que en las actuales circunstancias, esa línea divisoria pasa exclusivamente por el criterio presidencial, pues, amparado en la constitución, ha delegado buena parte de sus funciones en los jefes de la defensa nacional sin un mayor contrapeso de control.

Como antecedente, los gobiernos de la concertación dotaron a las Fuerzas Armadas de una doctrina polivalente, es decir, la posibilidad de desarrollar capacidades distintas al empleo de la fuerza. Durante los últimos años las hemos visto a prueba de forma parcial, ya sea en erupciones volcánicas, terremotos, aluviones y otras catástrofes, sin embargo, esta pandemia, ha puesto a prueba la función polivalente en su máxima extensión, en un estado de excepción constitucional extendido entre marzo y septiembre, llevando la capacidad operacional polivalente de las FF.AA. al límite. 

Sin embargo, aún tenemos en la retina el uso policial que Sebastián Piñera, Andrés Chadwick y Alberto Espina, les asignaron a unidades militares para sofocar las manifestaciones de un pueblo desarmado durante octubre de 2019, situación que resultó terminar en un rotundo fracaso, toda vez que lejos de producir un efecto disuasorio, el pueblo chileno adquirió mayor fortaleza moral y terminó por erosionarse todo signo de autoridad presidencial. Por eso, no es extraño que el despliegue policial de unidades militares en esa pandemia, por ejemplo, expresado en patrullajes, controles sanitarios o apoyo a carabineros para enfrentar manifestaciones ciudadanas, eclipse el conjunto de otras actividades humanitarias que estas fuerzas realizan, y con justa razón, tenemos memoria.

3. ¿Cómo se puede entender el rol de los militares para el proceso constituyente que se abre?

Las Fuerzas Armadas han sido un factor determinante en todas y cada una de las coyunturas históricas de nuestro país, ya sea en las guerras civiles, auto asumiéndose como junta militar de gobierno o como comisión constituyente. En cada uno de los tres procesos constituyentes oficiales, fueron las FF.AA. las que hicieron entrega del poder a la élite política civil. Desde ese punto de vista me pregunto ¿Existe algún argumento histórico de peso para advertir que en la coyuntura constituyente actual, las FF.AA. no se terminarán involucrando en su resolución? Me parece que la respuesta no es solo de orden operacional, sino un asunto esencialmente político. 

Es cierto que el ejército actual es mucho más reducido y profesional que el de Pinochet y la población y densidad urbana que podría hacerle frente, mucho más grande que en ese entonces, sin embargo, creo que debemos considerarlo como una opción posible. Una coyuntura constituyente no es solo un proceso cívico de discusión asamblearia, “no es un banquete” es ante todo, una colisión estremecedora de clases, de intereses, de actores nacionales y extranjeros en pugna por la redefinición del carácter del Estado y en esa perspectiva –de conflicto híbrido y multidimensional- el uso de la fuerza militar estatal, o su disposición disuasiva, es una variable más en este complejo escenario. Todo depende en última instancia de las correlaciones de fuerza.

Desde ese punto de vista, me parece que el movimiento popular y ciudadano debiese considerar dentro de sus tareas en el proceso constituyente, las de a) paralizar la fuerza de las armas si estas se volviesen contra suya, b) impedir un involucramiento de las FF.AA. en el proceso político en curso y c) Desarrollar transformaciones  institucionales paulatinas, de base, es decir, en la concepción y estrategia de seguridad nacional y en una revolución de las relaciones cívico-militares, con el propósito de  dar garantía de irreversibilidad a los necesarios procesos de cambio.

4. Nueva concepción de seguridad nacional y relaciones cívico-militares ¿Cómo se pueden entender estos conceptos en el actual proceso de modernización del Sistema de Inteligencia del Estado?

En primer lugar, debemos considerar que Chile carece de documentos oficiales donde se desarrolle el concepto o estrategia de seguridad nacional, solo hay algunas referencias en la constitución y en el Libro de la Defensa nacional. En idea de Jaime Guzmán, la seguridad nacional se expresa en la constitución bajo el fin último de defender al Estado neoliberal y los “valores de la libertad individual”, en los libros de la defensa, se entiende como una “condición necesaria para que el Estado cumpla sus fines libres de toda interferencia”, es una definición abstracta donde no se explicita el objeto referente de la seguridad, que a nuestro entender, debiese ser siempre la dignidad de los pueblos de Chile y la soberanía popular y territorial.

Así, tenemos entonces un enfoque de seguridad nacional que, lógicamente, está orientado a garantizar las condiciones para preservar el enfoque neoliberal en tanto “proyecto país” y por lo tanto, las reformas al sistema de inteligencia se amparan en esta perspectiva y se expresan por ejemplo, en reincorporar la “amenaza interna” como objeto de interés para la inteligencia militar, sin dejar por escrito ninguna salvedad ni resguardo a la sociedad civil que legítimamente defiende el interés de la población y la soberanía sobre nuestros bienes naturales y que justamente hoy, después de octubre, busca de forma abierta, transformar el carácter neoliberal de la sociedad chilena.

Se expresa en esta ley también, la clásica relación cívico-militar de élite. La ciudadanía, el pueblo y sus organizaciones, que son quienes saben mejor que nadie cuáles son los peligros y flagelos que hoy se ciernen sobre nuestros barrios, no existen para el sistema de inteligencia, toda vez que la relación entre élite política y élite militar es a condición de la exclusión del pueblo en esta relación.

5. ¿Cuál es su percepción frente al nuevo envío contingente militar especial a las regiones del Biobío y La Araucanía?

Es una situación bastante crítica, puesto que una eventual incursión militar en las comunidades en conflicto, lejos de tender a resolver los problemas que existen primeramente con la industria forestal, o buscar disminuir la conflictividad en la zona, solo provocará una escalada de violencia, toda vez que las organizaciones mapuches han manifestado su legítima voluntad de oponerse a estas eventuales situaciones. Independiente de mi postura personal al respecto, es una situación en la que seguirán beneficiándose los grandes grupos económicos que dominan la explotación forestal, es decir, un grupo reducido de oligarcas nacionales y extranjeros, eso es lo importante, porque cuando las armas del Estado se usan en defensa de esos grupos minoritarios –forestales- se configuran escenarios de mayor complejidad, los cuales, más allá de denunciarlos o escandalizarse al respecto, hay que asimilarlos y comprenderlos en su verdadera naturaleza, pues cuando la fuerza letal es usada para la resolución de conflictos, la dinámica de los acontecimientos escapa a las leyes de la política. ¿Será suficiente bregar por la desmilitarización? Creo que es necesario, pero a estas alturas, no sé si podamos esperar una actitud sensata por parte de este gobierno.