Publicado el 28 de mayo de 2013

Trawun en la Isla Teja: Comunidad Koliñir lof huapi reivindica terrenos ancestrales

El fin de semana recién pasado en la Isla Teja, ciudad de Valdivia, se desarrolló un trawun, convocado por la comunidad Koliñir lof huapi. Al trawun llegaron representantes de diversos territorios y comunidades, como el parlamento de koz-koz,  Panquipulli, Mehuin, Mantilhue, Lago Ranco y La Unión, además de diversas organizaciones sociales valdivianas y de Santiago.

En esta instancia los representantes de la comunidad Koliñir dieron a conocer la reivindicación territorial que han comenzado a impulsar en los terrenos fiscales aledaños a la ex cárcel en Valdivia, donde desde hace un tiempo venían realizando una serie de actividades como construcciones y preparación de la tierra para ser sembrada. Sin embargo, la intendencia al enterarse de la ocupación de estos terrenos, ordenó a carabineros y guardias municipales controlar la entrada al sitio, quedando en la actualidad cerrado y resguardado por la fuerza pública. 

La reivindicación, aclara un miembro de la comunidad, se da en el marco de un proceso de reconstrucción territorial e identitaria. Si bien no figuran títulos de merced de esta, la necesidad de recuperar este espacio se basa en que siempre fue usado, no solo por los mapuche, si no que por todos los habitantes de la Isla teja, lo que la convierte en una reivindicación colectiva. Además su recuperación aportaría al rescate de los humedales del lugar que han sido destruidos en manos del crecimiento desmedido del negocio inmobiliario.

Uno de los principales temas discutidos por los y las asistentes fue la protección del agua como fuente de vida, la que hoy en día se ve amenazada por el Código de Agua chileno y la política de privatización  impulsada por los gobiernos nacionales desde la dictadura militar. Esta situación ha dado paso, por ejemplo, a los distintos megaproyectos transnacionales que hoy en día afectan a las distintas localidades y comunidades mapuche. Con estos proyectos, entre otras cosas, se inundarían sitios ceremoniales como el Ngen Kituante en el sector de Mantilhue, por la represa en el rio Pilmaiken, o el complejo ceremonial de la comunidad de Lago Neltume. Estos proyectos no solo afectan aspectos espirituales, sí no que además condiciona el uso de los ríos y esteros para proyectos económicos propios de las comunidades. Ejemplo de esto es el caso de comuneros y comuneras de La Unión que al no poseer derechos de agua,  no pueden usar el Río Bueno para el riego de sus cultivos.

Dentro de la cosmovisión mapuche, en los menocos (terrenos pantanosos), ríos, lagos, cerros y árboles se encuentran los ngen, las fuerzas tutelares de la vida, por lo que la destrucción de este humedal significa para ellos una profunda violación y falta de respeto a la tradición de este pueblo que lucha por sobrevivir. En este sentido es que consideran que  la fuerza espiritual del sitio que hoy reivindican en la Isla Teja se mantiene viva, haciéndose necesario recuperar  dicho espacio frente al avance voraz de las empresas inmobiliarias y de los distintos gobiernos que han destruido los humedales, contaminado el agua y expropropiado el derecho de acceso a los ríos.

Debemos recordar que Valdivia y la Isla Teja estaban cursadas por humedales, los que han sido rellenados por distintos actores y sucesos a lo largo de la historia de la ciudad, pero en la actualidad el mayor responzable de su deterioro es la política inmobiliaria, que por medio de diversas empresas ha rellenado la gran mayoría de los humedales, para vender casas y construcciones sumamente caras en terrenos inestables y peligrosos en el caso de un sismo. Esto se puede revisar en cualquier mapa con clasificación del suelo, mapas que manejan las constructoras y autoridades del MOP, pero que no son considerados ya que no existe una normativa que los obligue a respetar la clasificación de los suelos.

A modo de contextualización, la historia nos cuenta que los terrenos de la Isla Teja tras la llegada de los españoles, pasaron a ser de un conquistador genocida de apellido Valenzuela, a quien bajo la institución de la encomienda se le adjudicaron los terrenos con todas las personas que vivían en el sector y los diferentes lof. Es de aquí que proviene el antiguo nombre español de esta isla, Isla de Valenzuela. Después del segundo Futa Malon al mando del Toki Pelentaru, conocido en las crónicas españolas como la Rebelión de las 6 Ciudades, Valdivia queda desocupada y la isla vuelve a pasar al control mapuche. Mucho después, ya por 1850, esta vez bajo el Estado chileno, es impulsada la colonización alemana del territorio mapuche, donde los terrenos de la Isla Teja pasan a propiedad de los colonos, siendo las personas que vivían en la isla obligados a irse o quedarse como inquilinos de los nuevos dueños de la tierra. Sin embargo, existieron distintos asentamientos mapuche y mestizos en la isla y las 16 hectáreas que componen los terrenos que hoy día se reivindican siempre fueron usadas por la comunidad en general que habita la Isla Teja.

Hoy en día son las comunidades organizadas las que llevan adelante la defensa de los espacios patrimoniales y naturales que son de importancia pública de todas las personas, no solo de los mapuche. Actividades como la de este fin de semana, hacen un llamado a pensar en el autogobierno y el fortalecimiento de la identidad y cultura de nuestros pueblos. A continuación la lectura de la declaración pública por don Raul Coliñir