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Lester Chavez Campbell Ingeniero en Acuicultura y Pesca Asesor Técnico Mesa Comunal de Pesca de Lebu
Todo problema es en estricto rigor un sistema de problemas.
Asimismo, toda problemática socio – económica tiene un contexto territorial e
histórico. Por tanto, un problema no puede ser reducido a una determinada
causalidad, dado, que todos, sin excepción, son multi-causales. En este
contexto, ¿Es la marea roja lo que genera el actual problema en la Isla Grande
de Chiloé? Creo que no, por mucho que
intenten justificar y reducir desde la dominación conceptual indicando que los
pescadores están equivocados respecto de su sospecha que el vertimiento de
ejemplares de salmónidos en descomposición fue la causante de la problemática.
La posibilidad que
los salmones en descomposición sean los causantes de la marea roja está
directamente relacionada con la distancia a la que fueron vertidos. Si esta
distancia de vertimiento fue según lo autorizado por la autoridad marítima, es
decir, a unas 75 millas marinas (139 kms) desde la costa, la probabilidad que
influya en la marea roja es prácticamente nula. De hecho, según lo indicado la
marea roja se inició en el mes de marzo en Aysen y avanzó hacia el norte. No
obstante, hay una serie de relatos que indican que esta restricción en el
vertimiento no se cumplió.
Desde la perspectiva de la actualidad, la marea roja en
Chiloé se inició días previos a la semana santa, fecha en la que aumenta
exponencialmente el consumo de marisco en el país, por lo que con la presencia
de este afloramiento de micro-algas nocivas se prohibió la extracción en vastos
lugares y zonas históricas de extracción del archipiélago de la Isla Grande, lo
que generó una severa contracción de la renta de los centenares de pescadores
artesanales que viven de la extracción de mariscos. Merma en los ingresos que se
mantiene hasta la fecha. De hecho, la Resolución N° 600 (04 abril 2016) de la
SEREMI de Salud de la región de Los Lagos, prohibió la extracción de mariscos
en la zona comprendida prácticamente en toda la franja costera de la región. No
obstante, si bien este fenómeno se
registra hace centenares de años, el que se está produciendo actualmente es el
más extenso y de mayor gravedad en la historia de la Isla, y es solo la punta
del iceberg.
Revisemos un poco. La principal transformación
socio-cultural en la Isla de Chiloé ocurre con el arribo de la industria
salmonera en la década de los 70’s. Este arribo fue gatillado por Japón, debido
a la necesidad de éstos de generar un nuevo abastecedor de salmonidios a nivel
mundial con el objeto de competir con los precios dominados por la industria
noruega. Así, en 1980 se inicia el cultivo moderno en Chile, creándose en 1982
la primera empresa (Salmones Antártica S.A) y donde ya en 1994 la industria
nacional se emplaza en el segundo productor mundial. Este aumento intensivo de
la actividad de cultivo de peces en el sur de Chile (concentrado en aquel
entonces en la décima región) implicó un esfuerzo descontrolado en la
extracción de peces silvestres cuyo destino fue la industria reductora de
harina de pescado (base de la alimentación de los peces) iniciándose con ello
el colapso del mar nacional, de hecho, se estima que se requieren 6 kilos de
peces silvestres para producir un kilo de salmón.
Actualmente, la
industria salmonera está altamente concentrada, las principales empresas son;
AquaChile S.A que se fusionará con Marine Harvest S.A, transformándose en el
mayor productor salmonero en Chile con lo cual poseerán el 26% de las
concesiones marinas y el 21% de la producción nacional. Donde, si adicionamos
la producción de las empresas Mitsubishi, Multiexport y Los Fiordos la
producción llega al 50% del total nacional. Los cuestionamientos y el conflicto
entre la actividad pesquera artesanal y la industria salmonera tienen varias
aristas, entre estas: Limitación de las zonas de operación a los pescadores
artesanales El articulo N° 67 de la Ley General de Pesca y Acuicultura
establece que solo se puede otorgar concesiones o autorizaciones de acuicultura
en áreas fijadas como apropiadas para la actividad, o las denominadas Áreas Aptas
para la Acuicultura (AAA). Asimismo, la Política Nacional de Uso del Borde
Costero establecida por el Decreto Supremo N° 475 (1994), incorporó el concepto
de “zonificación”. Así, bajo estos marcos normativos en el año 2009 se crean
los denominados “barrios salmoneros” a partir de la Resolución N° 450 (2009)
del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura. Estos, “barrios” se denominan
actualmente “agrupación de concesiones”. Estas, se crearon con el objeto
específico de evitar la proliferación y propagación de enfermedades, como la
crisis del virus ISA del año 2007 que casi acaba con la industria salmonera, es
decir, no con criterios asociados a la conservación de la biodiversidad
acuática, ni elementos asociados a las temáticas identitarias y culturales de
los residentes de aquellas zonas.
Asimismo, funcionarios del Servicio Nacional de Pesca y
Acuicultura denunciaron que el Servicio no cuenta con el personal suficiente
para realizar la fiscalización en tan extensas zonas. Estas agrupaciones de
concesiones generan un conflicto directo con la actividad extractiva de la
pesca artesanal. La actividad acuícola se concentra en la zona de los canales
de la décima, decima primera y decima segunda región del país, es decir, en los
mismos lugares que históricamente han sido utilizados por los pescadores
artesanales como caladeros históricos. Así, la operación de éstos ha sido
restringida a ciertas áreas sin presencia de centros de cultivos. Asimismo, en
muchos centros de cultivo no dejan acercarse embarcaciones artesanales por el
riesgo que implica que éstas sean un vector de trasmisión de enfermedades, por
lo que muchos dirigentes de la pesca artesanal reclaman que no han recibido
apoyo de los diferentes centros de cultivo en condición de escases de
combustible y otras emergencias.
Imagen N° 1: Centros
concesionados para la acuicultura en las regiones de Los Lagos y Aysen.
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| Fuente: Estay, M y Chávez C, 2015. Decisiones de localización y cambios regulatorios: el caso de la acuicultura en Chile. |
Impacto ambiental y destrucción del fondo marino
La industria salmonera debe entenderse como una actividad
que incorpora materia orgánica al agua a partir del alimento que no es
consumido, las fecas de los peces, y el proceso metabólico de los ejemplares
cultivados.
Esta materia orgánica tiene múltiples efectos e impactos
adversos en los ecosistemas marinos, que van desde el desequilibrio de los
procesos de nitrificación (reducción del amonio a nitrato) y la utilización del
oxígeno disuelto del agua para la reducción de la carga orgánica. De hecho, se
estima que con las 498 mil toneladas de salmón producido antes de la crisis del
virus ISA, se habrían emitido 39 mil toneladas de nitrógeno y 5 mil toneladas
de fósforo (considerando un 0,8 por ciento de fósforo y un 6,74 por ciento de
nitrógeno, en el alimento) (Rehbein, N, 2011. Propuesta de metodología para la
estimación del impacto económico de la contaminación del fondo marino por la
emisión de alimento y heces de la salmonicultura).
Respecto del fondo marino producto de la acumulación del
alimento no consumido por los ejemplares cultivados, se estima que la
recuperación de éste demora entre 5 y 6 años, donde, bajo las balsas jaulas se
acumula materia orgánica que reduce drásticamente la disponibilidad de oxigeno
eliminando con ello la biodiversidad características de los sistemas acuáticos
del sur austral de Chile. Un elemento distintivo del modelo de negocio de la
industria salmonera en Chile, a excepción de la que se desarrolla en otros
países como Noruega, es que nunca se ha medida la capacidad de carga del
ambiente acuático. La capacidad de carga del ambiente marino permite determinar
un límite de producción acuícola, es decir, la carga máxima de peces que
permita mantener ciertos parámetros ambientales considerados críticos para la
conservación de la biodiversidad del ambiente (oxigeno disuelto, presencia y/o
abundancia de la fauna bentónica). La capacidad de carga no se ha medido porque
implica un freno al modelo expansivo de la salmonicultura en Chile, y por su
puesto hay intereses creados, donde, actualmente avanza hacia aguas abiertas
(off shore) y hacia el norte (novena y octava regiones) y extremo sur del país
(decimo segunda región).
Además, hay una serie
de problemas ambientales severos, como por ejemplo, el uso de antibióticos,
escape de los ejemplares cultivados, eliminación de estructuras sólidas y
alteración del paisaje.
La presencia de Lobos Marinos
Esta se relaciona con los efectos ambientales adversos,
desde la perspectiva del ejercicio de la actividad pesquera artesanal es
relevante y merece indicación aparte. Todos los que hemos trabajado en la
actividad pesquera artesanal, específicamente, en la captura de peces sabemos
que la presencia y/o ausencia de lobos marinos determina el éxito en el
esfuerzo realizado, ya que se asocia con la ausencia de ejemplares de peces
objetivos de la actividad y/o la perdida de ellos desde los artes y/o aparejos
de pesca al ser utilizado por estos mamíferos como alimento. Lo relevante es
que con la masificación de la actividad acuícola de salmones y truchas, en el
sur del país han surgido una enorme cantidad de colonias de estos mamíferos,
que dicho sea de paso están protegidos por Ley. Sin embargo, producto del
problema que implica para la rentabilidad de un centro de cultivo en particular,
son muchas las denuncias que en centros de cultivos se cazan ejemplares de
estos mamíferos. De hecho, a modo de legalizar una práctica recurrente en
centros de cultivo la Subsecretaria de Pesca y Acuicultura autorizo una cuota
de captura durante el año 2012. Así, la abundancia de lobos marinos producto de
la intensificación de los centros de cultivo de salmones en los canales
australes del país, contribuye a acumulando poco a poco sentimientos adversos
hacia la industria del salmón, producto de la competencia por el escaso
recursos pesquero con estos mamíferos.
Condiciones laborales (Buseo)
Una de las ilusiones que emite la industria salmonera en el
sur de Chile para una gran cantidad de buzos mariscadores es la seguridad
personal y estabilidad económica. Sin embargo, esta actividad es la que ha
sufrido la mayor cantidad de muertes en faenas de mantención diaria en los
centros de cultivo. La principal actividad consiste en la extracción de la
mortalidad de los ejemplares muertos, para ello se sumergen hasta 40 metros.
Además, reparan redes y hacen la mantención general de la estructura sumergida
de un centro de cultivo de peces. De hecho, se observa que sólo un 14% de los
trabajadores que realizan faenas de buceo en la acuicultura presentan turnos de
5 días de trabajo y dos de descanso o 6 días de trabajo y 1 de descanso, que es
la modalidad general de trabajo en el país. Una proporción considerable de
estos trabajadores (34%) labora con turnos que implican sobre dos semanas
seguidas de trabajo en las balsas, sin descanso. (Panorama Mensual de Seguridad
en el Trabajo, julio, 2015). Por otra parte, las principales enfermedades que
se observan en este tipo de trabajadores son la descompresión o embolia. En
esta enfermedad los buzos pueden mostrar infarto cerebral múltiple en las zonas
fronterizas y terminales de las arterias cerebrales, otra enfermedad común es
la otitis externa, esta se genera como resultado del submarinismo prolongado en
aguas frías.
Asimismo, la tasa general de mortalidad por accidente del
trabajo durante el período 2010-2014 del país fue de 5,7 por 100.000
trabajadores protegidos. La tasa de mortalidad por accidente del trabajo para
el mismo período en los buzos profesionales fue de 21,4 por 100.000, lo que
indica un “exceso de riesgo” en relación con la población total de trabajadores
del país. Los buzos tendrían similar riesgo al de los trabajadores de la
minería que tuvo 24,0 y a los del transporte con un 21,2 por cada cien mil
trabajadores. (Panorama Mensual de Seguridad en el Trabajo, julio, 2015).
Otro elemento a considerar es que los dueños de muchas de
las principales empresas de acuicultura en el país, también lo son de las
principales industrias pesqueras, entre estas: Bluemar Seafoods S.A, Camanchaca
S.A y Los Fiordos Ltda.
A todo lo anteriormente expuesto, es relevante destacar el
hecho que habitantes de la Isla Grande Chiloé sufren lo mismo que aquellos que
viven en “zonas rurales” o pequeñas ciudades, es decir, el desamparo
sistemático por una estructura estatal que tiende a acoger y concentrar los
recursos en los grandes centros urbanos del país, utilizando metodologías de
evaluación homogéneas y sin distinción territorial. Aquello, explica que en algunas zonas de Chiloé no sea “rentable
socialmente” la instalación de agua potable, medidas de disposición y/o
tratamientos de residuos, educación y salud de calidad, etc.
Las manifestaciones de los pescadores artesanales de Chiloé
obedecen a años de acumulación de hostilidades con el modelo expansivo de la
industria salmonera concentrada e iniciada desde sus costas. Conflictos y
antagonismos que se evidenciaron con la crisis del virus ISA del año 2007-2008,
que de hecho llevo a modificar el artículo 80 de la Ley General de Pesca y
Acuicultura, logrando con ello privatizar el mar a partir de la entrega de
concesiones marinas a los bancos como medio de pago de la deuda acumulada de la
industria del salmón por más de 2.500 millos de dólares y con declaraciones
como las de Carlos Vial, gerente general de aquel entonces de la empresa INTESAL
“levamos 20 años. Muchos llegamos aquí al sur, con lo puesto, y no tenemos
ningún interés de irnos con lo puesto, que es lo que está pasando hoy día”
(Diario Llanquihue, 25 abril, 2009).
En resumen el
conflicto del sur, es una arista del conflicto que desarrollan las localidades
frente al avasallamiento del modelo económico y los grandes monocultivos (como
el caso de las forestales), por tanto, no puede ser reducido solamente a la
presencia y/o ausencia de la marea roja. De hecho, este fenómeno es la gota que
rebalsó el vaso.

