Publicado el 5 de agosto de 2016

Los dueños de Chile: su fin justifica sus medios

"Los dueños de Chile: su fin justifica sus medios"

Fotografía | www.emaze.com

A la fecha, hemos sido testigos de la forma en que los medios de comunicación en Chile –sea por la razón o la fuerza- han instalado principalmente dos vertientes temáticas en la esfera pública, que aunque resultan distintas en su naturaleza, son fundamentales para entender la situación política actual del país y su devenir. La primera: la delincuencia, caballito de batalla de los principales grupos económicos de Chile, quienes con el objetivo de crear una atmósfera de inseguridad ciudadana relevan esta problemática como el principal problema de la sociedad, lo que permite mantener en segundo plano otros conflictos relacionados principalmente con la vulneración de derechos. La segunda temática, y aquí me refiero a un hecho en particular, corresponde a la histórica y masiva marcha familiar del 24 de julio, convocada para exigir que se acabe con el actual sistema de ahorro forzoso (AFP) y crear un sistema de seguridad social integral, de reparto y solidario, que sea expresión de las mayorías del país frente a uno de los pilares del modelo actual.

No obstante lo anterior, lo que me interesa en esta oportunidad, más que profundizar en cada uno de estos temas, es poner en evidencia el comportamiento de los medios de comunicación que, pese a ser altamente cuestionados, siguen constituyéndose como los propulsores de aquellas ideas que salvaguardan el estado actual de las cosas. En esa dirección me permito hacer algunas reflexiones.  

Sin negar las fisuras que posee el sistema judicial chileno, y sin negar que la desigualdad es el principal motor de las injusticias, me pregunto: ¿es realmente la delincuencia el principal problema que debemos solucionar para alcanzar la tan anhelada dignidad y el bienestar de las mayorías? evidentemente no. La construcción de un Chile digno y de bienestar se basa en el fortalecimiento de la posición de mujeres, hombres y niños de nuestra sociedad; y, en el desarrollo de políticas públicas estructurales que enfrenten la desigualdad y garanticen los derechos sociales. Dicho esto, cabría hacerse otra pregunta: ¿por qué los medios de comunicación insisten en diseñar su arquitectura televisiva y de prensa sustentándose netamente en los portonazos, el robo o el lumpen? A decir verdad, la respuesta a esta interrogante se aleja bastante de los valores y principios que tanto promueven los medios en Chile: a saber, la libertad de prensa, la objetividad y el deber de informar a la ciudadanía.

El único principio que orienta la actividad de los medios de comunicación propios de los grandes grupos económicos[1], está en la misión de funcionar como correa de transmisión de un conjunto de ideas que apuntan a profundizar el actual modelo de mercado; o dicho de manera más clara, funcionan para salvaguardar sus propios intereses. En esta línea de acción, se crea un cerco mediático que invisibiliza cualquier expresión del mundo popular, lo que, en el contexto de hoy día, se traduce por ejemplo en dar tribuna a don José Piñera, el mismo que creó las AFP. En entrevista exclusiva y en horario de gran audiencia, este personaje aparece defendiendo su negocio mientras se bloquea la difusión de los avances programáticos que ha tenido la Coordinadora No+AFP durante años a lo largo del país. Para muchos, este tipo de prácticas mediáticas no son novedad, sin embargo, aún hay personas que desconocen el estrecho vínculo que mantiene el empresariado -nacional y transnacional- con los medios de comunicación en nuestro país. Por ello, a continuación presento una tabla extraída de poderopedia.org que deja en evidencia el único fin que persigue el monopolio de las comunicaciones y la prensa en Chile:


Ahora bien, algo que podría tildarse de contradictorio frente a esta evidente relación, tiene que ver con que hace bastante tiempo la prensa y los medios se vienen planteando en avanzada respecto al cubrimiento del acontecer social del país y con respecto a la crítica –verídica por lo demás- de ser los medios del empresariado. Tanto ha sido así, que entendieron que no hay manera más inteligente de perpetuar las ideas en períodos de conflicto, que generando aperturas –eso sí acotadas y controladas- de ciertos temas y promoviendo la presencia de personajes públicos que tienden a cuestionar la realidad actual. De esta manera los medios hoy día, ganan adherencia, y por tanto, adscripción -consciente o inconsciente- a las ideas predominantes que promueven -que ya sabemos a qué intereses responden-.

Y es que ¿quién cuestionaría el carácter ideológico de los medios y los tildaría de ser la prensa burguesa, los medios de los poderosos o los instrumentos de manipulación?, teniendo reportajes de Cema Chile, Milocogate, SQM, Penta o el caso Gendarmería. O bien, a la Beatriz Sánchez, Guarello -con quienes simpatizo- o la dupla Rincón-Matamala ocupando sus 3 minutos en tv para lanzar las críticas que el tiempo permite. O incluso al "incisivo" Mochiatti acorralando a célebres políticos/as altamente cuestionados por la ciudadanía en Mega, mientras entibiece el acontecer político y social en Biobio. Pareciera ser entonces, que la lógica consiste en dar un mínimo de espacio para justificar “objetividad, neutralidad y profesionalismo” mientras se despliega la máquina ideológico-empresarial que instala en el sentido común de la ciudadanía la naturalización de la sensación colectiva de inseguridad.

Entonces, la pregunta que surge de inmediato es ¿qué hacer? Y es que respuestas desde la creatividad pueden surgir múltiples, sin embargo, la histórica marcha familiar en busca de un nuevo sistema de seguridad social nos dio una gran lección: la amplia adherencia desbordó el cerco mediático. El hito de movilización fue tan potente que forzó a los medios a dar cobertura, que aunque tardía, desató no sólo la visibilización de la demanda, sino que también la irrupción pública de las ideas surgidas en el seno de la ciudadanía. Se evidencia una vez más que sólo la organización y la movilización son capaces de superar la restringida cancha que ofrecen los medios.

En este escenario, la tarea de nosotros y nosotras, los movimientos y organizaciones que buscamos irrumpir en la escena política y social, es justamente diseñar una política comunicacional capaz de fortalecer los niveles de adherencia a la movilización. Esto es, superar las mezquindades sectoriales circundantes netamente al posicionamiento, para converger en estrategias comunicacionales capaces de elevar las ideas de los movimientos sociales en perspectiva de potenciar la adherencia y adscripción ciudadana. Así, de la mano de la real unidad, pragmatismo político y confianza intacta de vencer, seremos capaces de construir un instrumento que permita llevar a cabo las reales transformaciones que el país necesita. A construir un Chile justo, digno, democrático y de las mayorías.

Rodrigo Muñoz Vidal
Comunicaciones Izquierda Libertaria Valdivia
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[1]Véase: http://apps.poderopedia.org/mapademedios/analisis/4/