Publicado el 9 de marzo de 2017

Más allá de lo electoral ¿Preocupación, temor o incertidumbre?

Fotografía|www.colegiodeperiodistas.cl
Para muchos/as, los siguientes dos años se constituyen como un escenario clave en el devenir político de la izquierda. Así, algunos sectores vaticinan la irrupción laureada de un nuevo referente de izquierda que venga a encarar y encarnar el sentir social acumulado desde el 2006; mientras que otros sectores ven con mucha incertidumbre no sólo lo que pueda ocurrir con esta izquierda, sino también el quehacer político en el contexto actual, es decir, en momentos de definiciones.

Desde un tiempo a esta parte se vienen alzando voces, principalmente desde las organizaciones de izquierda, que plantean que la lucha electoral es "un campo más", que, en un contexto de emergencia de proyectos políticos y constitución de Frente Amplio, es necesario disputar lo electoral como punto de partida, pero es necesario "avanzar más allá", relegando así lo electoral a un segundo plano, sin profundizar en aquello que se menciona “más allá de lo electoral”, ni tampoco ahondar en qué significa navegar en las elecciones nacionales.

Pues bien, lo electoral no es un mero evento cada 4 años para mostrar al niño o niña bonita de buena labia convenciendo a miles de escogerlo/a entre una tropa de leprosos. Tampoco es la simple obtención de un porcentaje de preferencia en las urnas, ni mucho menos lanzar nombres en una papeleta para emerger públicamente. Para un proyecto serio, el desafío supera con creces el mero levantamiento de una candidatura. Abocarse a la tarea de navegar electoralmente implica enfrentarse con quienes gobiernan en nombre de la fuerza empresarial, significa disputar las cuotas de poder en la institucionalidad y las cuotas de adherencia en la sociedad civil, lo que, en el contexto de la hegemonía duopólica, se traduce en irrupción, hacer algo distinto a lo establecido, convocar a la ciudadanía y darle sepultura a la lógica dicotómica entre lo político y lo social. Implica elevar discursivamente un programa democrático, supone la elaboración de diseños comunicacionales eficaces y eficientes en la disputa del sentido común, es parte de la construcción de un cuerpo común, de un nosotros; esto es precisamente construcción política de cara a la ciudadanía. En esencia, significa echar por delante e irrumpir materialmente con una política de masas, cuestión a la que se aspira discursivamente, pero que se traba en el andar.

Para clarificar el asunto, a ejemplo de lo anterior, Gabriel Boric, un gran y valorado referente de la nueva izquierda, de los/las descontentas y a su vez optimistas conquistadoras de derechos sociales, ha mencionado un sinfín de veces que debemos superar lo electoral, proyectar -nuevamente- “más allá”, trascender ¿pero trascender a qué? Y ¿a qué no se trasciende disputando institucionalmente?

En su oportunidad, Vlado Milosevic, a propósito de la constitución de Frente Amplio y sus fronteras o límites, plantea que este no puede ser un conglomerado únicamente de izquierda, ni de trincheras. Muchas respuestas -algo incómodas- surgieron de la izquierda contrargumentando lo anterior; se acepta que no puede ser únicamente de izquierda, pero es necesario salvaguardar una identidad -de izquierda-. Ni fu ni fa.

Y es que de lo que se trata es de entender y sobretodo actuar en base a la realidad; y la realidad nos muestra algo crudo:
  1. 1) El bloque en el poder sí disoció lo político de lo social, es un hecho.
  2. 2) La impunidad de las élites sí existe.
  3. 3) Las políticas públicas se diseñan desde Iphone de empresarios.
  4. 4) Las fuerzas armadas son casi imposibles de superar, en un “alzamiento popular”.
  5. 5) El sistema político actual sí es una camisa de fuerza para las transformaciones que emergen en el Chile actual. Debe transformarse.
  6. 6) Las movilizaciones por sí solas tiene un techo. Deben acompañarse de otras expresiones políticas de poder.
  7. 7) La forma clásica de disputar el poder está obsoleta.
  8. 8) Las formas clásicas de leer y criticar los despliegues de los proyectos no hegemónicos también están obsoletas; no sirven cuando el neoliberalismo ganó terreno en el alma del pueblo.
  9. 9) Nuestro pueblo, la ciudadanía, aquella mayoría social está constantemente atravesada por múltiples vicios y contradicciones, que como horizonte común comparten la baja politización y participación activa -no presencial-.
Frente a lo anterior, para todos y todas quienes aspiran a construir un devenir de justicia y bienestar social, ser eficientes es una obligación histórica.

Y para variar, la eficiencia es un término de no mucho uso proviniendo de la izquierda. Y es que verdaderamente no acostumbramos a ser efectivos, eficientes y eficaces en cuanto a despliegue político se refiere.

Creo que hablar de eficiencia es hablar de poder, y el desafío que tenemos, no solo para un futuro lejano, sino que también en el corto y mediano plazo es constituirnos como pueblos poderosos, fuerza política poderosa, con instrumentos poderosos. Luksic sabe bien de esto -y no tomamos lección-.
En múltiples ocasiones hemos sido testigos de cómo se rehúye hablar de eficacia, de victorias y métodos de cómo ganar. Por ejemplo, en la forma en que un proyecto transformador se despliega en lo electoral, anteponiendo una concepción -preconcebida por lo demás- de "lo verdaderamente popular, clasista y revolucionario" a este propósito, como si aquello estuviera forzado a perder, un idealismo puro condenado a la tragedia.

De esta manera, mucho se habla de la precaución de la lucha electoral, de los peligros que esta conlleva sin siquiera definirla, problematizarla y definir objetivos, dando por sentado una adjetivación a lo menos absurda al negar lo que realmente es y los efectos que produce en la sociedad civil. En este contexto, la tónica ha sido, cuidado con lo electoral -sin caracterizar-, debemos avanzar "más allá", apelando a la lucha de masas y/o programa popular en abstracto.

Profesar que por participar en lo electoral corremos el riesgo de perder terreno en lo social, es tan vacío como creer que tenemos trabajo e inserción social porque conversamos y nos coordinamos con tal o cual sindicato, federación u organización poblacional, para los más románticos. Las recientes elecciones municipales fueron varias bofetadas en la cara, a boca abierta, para despejar justamente ideas preconcebidas referidas a que "sin lo social no hay réditos electorales" y que "lo electoral sin inserción social está condenada al fracaso".

La precaución con lo electoral debe estar centrada en no fracasar, en dar golpes en los momentos precisos, en priorizar el abanico táctico que estamos trazando, y no hablar de ésta como si fuera el hanta que te contagia y te sumerge sin piedad en el pantano del Duopolio. Sumado a lo anterior, debe estar la confianza que nos brinda ser parte activa de un pueblo enajenado sistemáticamente de la actividad política por más de 40 años. Debemos darle valor a lo que defendemos, a lo que hemos construido, a realzar el lugar desde dónde venimos y el rol que nos toca cumplir.

Debemos ser capaces de pensar, actuar y diseñar con perspectiva de triunfo, democráticamente, no por el anhelo de que todos y todas participemos -aunque suene maravilloso-, sino porque eso es eficaz, es eficiente y es poder efectivo. La democracia, no solo presencial, sino que activa es la que permite que la ciudadanía se despliegue, y las elecciones nacionales son una vía útil y necesaria para el objetivo, es un camino a cruzar sin miedos, sin peros, con precaución y precisión, pero con la audacia necesaria para abrir las alamedas. Es ahí donde se apelará a las grandes mayorías y es ahí donde finalmente comenzaremos a ganar, convocando y apelando al poder, poder ciudadano que nos llevará a la senda del triunfo, en las calles, pero también en las urnas, en la opinión pública, en los diseños de políticas públicas, ciudadanía administrando el Estado, expertos/as llevando la ciencia a las necesidades sociales y nacionales, ciudadanía defendiendo los avances y dignidad de nuestros pueblos en las FF.AA.

No nacimos para vencer ni ser vencidos, nacimos pobres, violentados/as, sin derechos sociales garantizados, nacimos segmentados y desorganizados. Nacimos con pocas herramientas, propias de un pueblo aniquilado por una dictadura militar, pero con la fuerza suficiente para irrumpir una vez más, utilizando fríamente las pocas chances para configurar un escenario cada vez más favorable. El Che Guevara planteaba que nunca se debe dar una lucha que no ganarás. En este sentido, deber nuestro es dar todas y cada una de las luchas que sí podemos ganar, con la creatividad suficiente de utilizar las vías necesarias para ir paso a paso, por ahora buscando, para mañana conquistar la tan anhelada dignidad.

Rodrigo Muñoz
Militante de Izquierda Libertaria