Publicado el 12 de septiembre de 2011

A propósito accidente Isla Juan Fernández: Ni llanto ni burla. Palabras críticas sobre Felipe Cubillos

8 September, 2011
A propósito accidente Isla Juan Fernández: Ni llanto ni burla. Palabras críticas sobre Felipe Cubillos / Por Patricio Hernandez
Patricio Hernandez
EL QUINTO



El accidente en Juan Fernández ha provocado toda una discusión entre amigos y conocidos, sobretodo cuando algunos se unen a las muestras de dolor y ponen la imagen de Camiroaga en su perfil de Facebook, cuando otros no se entristecen pero recalcan cierta vocación social que habría tenido el animador (apoyando a los estudiantes o increpando a Hinzpeter por Barrancones) y cuando otros tantos ironizan con su muerte y con el rol que este jugaba dentro de la sociedad de mercado (denunciando su carácter de incitador al consumo y el endeudamiento en la tienda Ripley). En verdad, es más que legítimo el dolor de las familias, es válida aunque muy cuestionable la “tristeza” de aquellos que sólo conocían a estos personajes por la tele y que hoy lloran como si fuesen sus familiares más cercanos (tal como ocurrió con la muerte del General Bernales), y es acertada la crítica de que si no se tratase de personajes televisivos la tragedia no tendría tanto impacto y tanta difusión. Es verdad que el país “está de duelo” principalmente por la influencia del factor mediático (por la influencia de los medios en la sociedad y por la transformación de la tragedia en show televisivo), ya que lo más seguro es que el próximo 18 de septiembre hayan más de 21 fallecidos y nadie salga en masa a colocar velas y a ponerse a llorar, así como tampoco lo hacen con los muertos que casi todos los días hay en las cárceles chilenas, ni con los ancianos que mueren esperando a ser atendidos en los hospitales, ni con el asesinato de Manuel Gutiérrez. Efectos televisivos y sociales que dan para un debate sociológico.

En lo personal, y esperando no ofender a nadie ni herir susceptibilidades, reconozco lo trágico del accidente, comprendo el dolor de las familias de los afectados, pero no soy parte de la masa que se lanza al lamento televisivo, así como tampoco me interesa bailar sobre la tumba de nadie. Lo que sí es que uno no puede perder el sentido crítico y creer que todos los muertos son buenos o unos santos. Insisto, no me alegro con la muerte de nadie, pero tampoco me tiene triste el fallecimiento de Felipe Cubillos, sólo quiero entregar algunos elementos críticos dentro de la vida de esta persona, cuya acción afectó a muchos.

Este “emprendedor solidario” no tuvo que emprender mucho para convertirse en un acaudalado. Felipe Cubillos fue hijo de Hernán Cubillos, un militar, organizador del golpe de Estado de 1973 (que hizo desaparecer forzosamente, torturó, encarceló, reprimió y violentó a millones de chilenos), cercano a José Toribio Merino, Patricio Carvajal y Roberto Kelly (con este último compartiría el pasatiempo de los yates que heredaría su hijo), miembro de El Mercurio, Qué Pasa, canciller del Régimen Militar, Vicepresidente de la CCU, presidente de la Compañía de Inversiones Transandina, consejero de la Fundación Adolfo Ibáñez, presidente de la Compañía Chilena de Tabacos, presidente de la Cámara de Comercio Chileno-Uruguaya y vicepresidente del BCI. Su posición dentro del régimen militar le permitió a la familia Cubillos obtener una ventajosa posición económica a costa de la sangre y la muerte de miles de chilenos. Así, asistiendo a los mejores colegios y con un padre en las altas esferas del poder, no es muy difícil ser emprendedor.

Felipe Cubillos, de profesión abogado, fundaría una serie de empresas como Marina del Sur, Piscicultura Australis, Naviera El Navegante y la organización B2B Senegocia.com, así como ocuparía importantes cargos en Eicosal, SalmonChile, la Corporación Nacional de Exportadores y sería el creador de la Fundación Imagina. Aquí, su labor más destacada la tendría como defensor de la industria salmonera, una industria criminal.

Los trabajadores del salmón, que realizan sus actividades en centros de cultivo, plantas de procesamiento y actividades asociadas, se encuentran expuestos a una serie de peligros, con altas tasas de accidentes, sólo superadas por el rubro de la construcción. La mayoría de los trabajadores en las plantas procesadoras (donde el 70% son mujeres) reciben un reducido monto salarial, el cual es complementado por bonos de producción, ya que al empresariado le interesa sobretodo la velocidad, por el rápido deterioro de los pescados. De modo que, para aumentar sus reducidos ingresos, el trabajador debe someterse a la dictadura del reloj realizando trabajos monótonos y repetitivos sin cesar, sometidos al incansable ritmo de la cadena de producción lo que no les permite controlar los tiempos de trabajo ni las pausas, debiendo trabajar en muchos casos en jornadas de 12 horas sin descanso, de pie (lo que conlleva enfermedades en las extremidades y la columna), en temperaturas extremas, con acceso restringido a los baños, lo que les significa una serie de enfermedades y la necesidad de trabajar con pañales. El ambiente es húmedo, el piso resbaladizo, sin pausas y bajo la constante presión de estar siendo vigilado por el supervisor, en lugares hacinados, sin condiciones de higiene y con un ruido interminable e infernal. Un trabajo sin mayores condiciones de seguridad, sin prevencionistas de riesgos, que ve cada día a trabajadores cortados, mutilados, lesionados, caídos, fuertemente golpeados.

Las consecuencias de esta inhumana condición laboral es la presencia de una serie de enfermedades y trastornos físicos: estrés, dolor de cabeza, amigdalitis y resfríos por las bajas temperaturas, lumbago, tendinitis, cistitis, cortes en dedos y brazos, angustia, dolores en diversas partes del cuerpo e, incluso, abortos, entre otros.

Pero quienes trabajan en las plantas procesadoras no son los únicos que dejan la vida para alimentar la codicia de los dueños del salmón. Todos los días cientos de buzos descienden a las profundidades de las jaulas de salmones para realizar distintas labores, en un ambiente extremadamente hostil, con cables, redes, mallas, con nulos niveles de capacitación para realizar estas labores. Existiendo decenas de buzos fallecidos y desaparecidos en la faena más peligrosa de la industria.

Esta dura realidad se ve acentuada por los bajos salarios y los nulos derechos laborales. Repitiendo la realidad de millones de trabajadores, los “temporeros” de la industria del salmón no cuentan con contratos fijos, algunos ni siquiera poseen contratos, reciben apenas sobre el mínimo y laboran para empresas contratistas que prestan servicios a la gran industria salmonera, lo que limita sus derechos y su capacidad de presión. No existe ninguna empresa salmonera que no haya sido denunciada por infracciones laborales, lo que es pan de cada día. A esto, debemos sumar las prácticas antisindicales, las listas negras y las amenazas constantes a dirigentes y trabajadores.

Además de esto, las salmoneras han destruido el ecosistema y el mar del sur chileno, recibiendo como premio concesiones marítimas que han significado la privatización de este bien público.

Es a esta industria a la que se dedicó a defender el benéfico Cubillos, logrando un éxito que lo llevó a ser presidente de la Corporación Nacional de Exportadores, en donde ya no sólo defendió a los salmoneros, sino también a la industria forestal, minera y otras tantas. Cubillos también colocó su granito de arena en Peñaflor con su piscicultura Australis, la cual ha sido infraccionada por verter residuos en afluentes.

Cubillos no sólo amaba el mar porque este se podía utilizar para sembrarlo de salmones, su padre le inculcó el amor por los yates así que Cubillos se dedicó a los deportes náuticos creando su propia empresa y llegando a dar la vuelta al mundo. Claro, cuando se tiene dinero, el tiempo sobra para ser deportista y también para dedicarse a la filantropía, sobretodo cuando esta será expuesta televisivamente. Pero los yates no eran su principal fuente de ingresos, los salmones deben ser exportados vía marítima y Cubillos, como buen amante del mar y de la industria salmonera, no dudó en tener su propia compañía naviera al servicio de las salmoneras.


Cuando llegó el terremoto y el tsunami Cubillos fue a las zonas afectadas y regaló motores y naves y ayudó a que SalmonChile limpiase su dañada imagen haciendo lo mismo. No vamos a cuestionarnos si esta fue una buena intención real, un sentimiento de caridad y solidaridad cristiana, una estrategia de inversión social empresarial o una oportunidad para que operase Fundación Imagina con su programa de microcréditos, trataré de pensar lo mejor en este sentido. Las inquietudes se las dejó a usted para que las reflexione. El hecho es que de este acontecimiento surgió el Desafío Levantemos Chile, iniciativa privada que en uno de sus puntos de intervención buscaba volver a levantar el comercio en Juan Fernández a través del emprendimiento, no de la recuperación de los derechos sociales y de una intervención responsable del Estado, sino a través de lo que se ha venido llamando “emprendimiento”, convertir a las personas en pequeños capitalistas bajo la ilusión que en el sistema todos tenemos la oportunidad de surgir, como si esta sociedad no se basase en la existencia de ricos y pobres, en fin. Un tema que da para rato pero que nos invita a flexionar sobre la funcionalidad real y concreta, más allá de los objetivos declarados y las buenas intensiones, de muchas ONGs e instituciones de “caridad”.