Publicado el 22 de noviembre de 2012

La problemática pesquera más allá de la urgencia: ¿Es posible una buena pesca?

La problemática pesquera más allá de la urgencia: ¿Es posible una buena pesca?

Recientemente tuvimos la oportunidad de participar en el lanzamiento, en Valdivia, del documental “Mala Pesca”, que realizaron algunos compañeros y algunas compañeras de la región del BIO BIO. Frente a la elocuente enunciación de la problemática pesquera por parte del documental, el sin sabor que queda en la boca, más allá de la indignación, es el de la ausencia de un proyecto que se oponga al que viene ideando y materializando la derecha (incluida la concertación) durante los últimos 22 años.

En un artículo escrito anteriormente en esta tribuna, señalamos que la Ley Longueira no es más que el avance de un esfuerzo programático de la derecha, concibiendo esta reciente iniciativa como “la guinda de la torta”, ya que el mayor avance en cuanto a la privatización de los recursos pesqueros se realizó durante el gobierno de Lagos. Reconociendo este hecho, entendemos además que los vicios del sindicalismo pesquero hayan sido la razón cómplice de la avanzada patronal en estas materias. Lo preocupante es que su legado trasciende incluso su incipiente desacreditación.

Años de dirigencia corrupta y bases pasivas y desinformadas, han generado una pesca artesanal de visión cortoplacista y escudada en una política de resistencia a la retirada. La lucha por millas y cuotas se ahoga en el pequeño vaso de agua que se le concede al sector artesanal, con recursos diezmados, sujetos a la eventual desaparición producto de la sobrepesca industrial y en condiciones laborales y de mercado que propician la miseria. En este escenario de crisis, que poco tiene que ver con la aprobación o no de la ley, la pesca artesanal se ha visto obligada a reaccionar.

Reconocemos que, a corto plazo, la oposición a la Ley Longueira tiene un valor en cuanto motor coyuntural de la articulación del sector pesquero artesanal con otros sectores de la sociedad, y eso es siempre bueno. Por otro lado, más allá de que los recursos pesqueros son prácticamente privados desde hace 10 años, entendemos que la Ley Longueira abre las puertas anchas para el ingreso del capital extranjero y la plenitud de la especulación financiera (verdadero objetivo de la ley Longueira, ya que mucho pescado no va ir quedando) por lo que su oposición, también es siempre buena. Pero tras la próxima votación del 19 de Noviembre, ¿Cuál será nuestro horizonte?

Unidad en la lucha, es la consigna, las grandes conquistas no se lograran en forma gremial. Ciertamente hacia la integración de la clase trabajadora es donde apuntamos. Pero dentro del sector particular que nos convoca, frente a esta mala pesca, ¿es posible una buena pesca? La clase empresarial tiene una visión común, un programa y los medios para lograr sus cometidos. ¿Y nosotros y nosotras?
Frente a la necesidad de pensar un proyecto de pesca al servicio del pueblo se hace interesante analizar el concepto de sustentabilidad, ya que este ha sido el horizonte común de las consignas populares, los sectores reformistas (como las ONG ambientalistas que viven del problema) e incluso del gobierno. Esta aparentemente paradojal coincidencia interclasista tiene su explicación en las diversas definiciones del concepto, las cuales amparan las más diversas intenciones.

El concepto de sustentabilidad presenta dentro de sí, indefectiblemente, el concepto de equilibrio, proyectándose como la armonía entre las distintas actividades de los seres humanos con los ciclos de la naturaleza. Por supuesto que esta definición es extremadamente vaga e infinitamente criticable, pero es así como es concebida si se entiende solo como una nebulosa declaración de buena voluntad. La sustentabilidad, o la ausencia de la misma que la proyecta como un horizonte deseable,  reconoce que existen prácticas que causan el menoscabo de cualquiera de sus tres componentes, lo ambiental, lo social y lo económico (y sus relaciones). Lo problemático, y es aquí donde yace lo ideológico tras cada concepto de sustentabilidad, es que a la hora de implementar acciones para lograr el deseado cometido de la armonía, la delimitación de “lo central” dentro de las problemáticas económicas, sociales y ambientales, implica también la necesidad de “supuestos”, es decir, lo que no se está dispuesto a cuestionar.

Para entender la sustentabilidad de la derecha analicemos ciertos conceptos incorporados en la Ley Longueira. En una entrevista a CNN, Longueira explica el concepto de rendimiento máximo sostenible (RMS), principio de manejo pesquero incorporado en la ley, que apunta a la sostenibilidad de la pesca y que consiste en definir cuotas de captura lo más altas posibles, sin menoscabar las poblaciones de los recursos objetivo. Este concepto, que es también aplaudido por ciertas ONG ambientalistas, hace uso indistinto del concepto de sustentabilidad, que aparece como eje central de la ley, con el concepto de sostenibilidad. Más allá del debate, aparentemente superado en Latinoamérica, sobre las diferencias entre estos dos conceptos, el RMS es un claro ejemplo de que son “lo central” y los “supuestos” para la derecha chilena y los sectores reformistas dentro de las problemáticas sociales, económicas y ambientales. Para este sector “lo central” es maximizar el lucro en la pesca y “los supuestos” son la economía de mercado, la libre competencia, la propiedad privada, etc. En este escenario el daño ambiental, y en menor medida el daño social, son concebidos como una amenaza a “lo central” (el lucro), ya que poblaciones diezmadas y un proletariado demasiado miserable podrían atentar contra la continuidad de su bonanza económica. El carácter subalterno de lo ambiental para el empresariado criollo es tal que este puede darse el lujo de implementar medidas de manejo desacreditadas, incluso por su propia clase, desde hace 3 décadas. Las dinámicas ecológicas de las poblaciones marinas son tan complejas que definir cuotas para cada recurso, en forma que no amenace la conservación de los mismos, si es que fuera posible, sería tan costoso en términos de investigación científica que harían la actividad pesquera poco rentable. ¿Cómo se solventa este problema?, fácil, la erradicación de los recursos pesqueros no es un problema, ya que cuando el tiempo de las vacas gordas termina, la especulación comienza. Las cuotas, ahora derechos privados de pesca, sostendrán “lo central”.

El pensar la problemática pesquera desde la izquierda implica dotar de contenido al horizonte de la sustentabilidad y no utilizar el concepto en forma vana.  Aquí aparece un nuevo problema, ya que la tarea de definir “lo central” y “los supuestos” para nosotros y nosotras no puede ignorar las condiciones de poder. Es decir, no podemos simplemente proyectar un horizonte de sustentabilidad sin diseñar el camino hacia él. No se trata simplemente de reconfigurar la posición de “lo central” y “los supuestos” dentro del esquema de las 3 esferas (social, ambiental, económico) sino que analizar, a nivel estratégico, las concesiones que deberemos realizar para la acumulación de fuerza necesaria para materializar un mejor proyecto de sociedad. Si bien la reconfiguración económica del sector, en conjunto con los demás sectores, en pos de una economía popular es un claro frente de lucha, no podemos olvidar que ciertas actividades económicas tienen un valor estratégico para el capital internacional y su apropiación es vital. En este contexto, ciertos aspectos de la mala pesca, que afectan la esfera de lo ambiental, deberán permanecer, al menos por un tiempo, en función de una mejora considerable en la esfera de lo social. El cómo reducir los costos ambientales a la vez que se incrementan los beneficios sociales, entendidos de manera clasista y de izquierda, es la tarea que se viene por delante con o sin Ley Longueira.