Publicado el 25 de julio de 2014

Sobre la derogación de los artículos del DFL 2

[Columna de Opinión]



Bayron M. Velásquez Paredes

Vocero CEE Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales, UACh
Militante del Frente de Estudiantes Libertarios



El anuncio del ministro de educación en donde se acoge la demanda de la CONFECh a enviar un proyecto de ley que tenga como objetivo derogar determinados artículos del DFL 2, los cuales impiden y limitan la organización y participación al interior de las instituciones de educación superior, nos obliga como movimiento estudiantil y como organizaciones presentes al interior de este volver a discutir y reflexionar acerca de cuál es la democracia universitaria que se necesita desarrollar.

Hemos de tener en consideración dos cuestiones importantes que surgen a partir de este anuncio. Por un lado, de concretarse la derogación de los artículos estaríamos ante una de las más importantes transformaciones que se han hecho en la educación superior una vez pasada la transición a la democracia; y por otro, que de tener las capacidades y claridades necesarias para afrontar este proceso podríamos lograr que esto decante en la instauración de importantes pilares democráticos (nuevo sistema de elección de autoridades, cogobiernos universitarios, etc.), teniendo así la oportunidad de dar continuidad al interrumpido proceso de reforma y democratización que impulsaron los estudiantes, funcionarios y docentes en las universidades de nuestro país entre los años 67’ y 73’.

Es importante por ello que se concrete la derogación de los artículos, así como lo es más aún que se legisle obligando a las instituciones a existir sobre parámetros establecidos que aseguren la democracia universitaria, entendiendo que el papel que la comunidad universitaria debe cumplir en la orientación y desarrollo de la institución es fundamental para caracterizar a una universidad como pública. No basta con determinar quién es el sostenedor económico para entender lo público.

Por otra parte, hemos de comprender también que no basta con establecer la democracia como algo legal si es que no tenemos una comunidad capacitada para ejercerla, por lo que es necesario velar por la reconstrucción de la conciencia social frente a la importancia de la democracia con la que acabo la dictadura.

Respecto a lo anterior, vemos que distintas universidades de nuestro país han tenido en el último tiempo movilizaciones internas reclamando mayor participación, como es el último caso de la Universidad de Los Lagos (Osorno), donde sus estudiantes se mantuvieron en toma buscando profundizar la democracia imperante en su institución. Y como lo fue el caso de nuestra universidad (UACh), la cual mantuvo sus actividades paralizadas durante un par de meses el pasado año levantando la consigna de participación triestamental. Esta última experiencia es importante revisarla, pues si bien no tuvo mayores logros concretos e incidencia en los estatutos universitarios (impedimento provocado por el DFL 2), si se logró avanzar en lo que respecta al diálogo y consenso entre los tres estamentos de la universidad, como también el desarrollo de los primeros Consejos Triestamentales por Facultad (CFT).

Ahora que se presenta la oportunidad de abrir una de las puertas que nos permite avanzar hacia la democratización de las instituciones, hemos de ser capaces de compatibilizar nuestra defensa en términos políticos de lo que ha venido levantando el movimiento estudiantil y social: profundizar de manera progresiva en lo que las comunidades entienden por democracia universitaria y en sus capacidades para ejercerla. Hay que dar continuidad a los procesos de movilización por la democracia ya iniciados y replicarlos en donde aún no se han dado.

Aquí descansa la importancia de todos los actores y fuerzas que hoy se hacen parte de esta lucha por un nuevo sistema de educación pública, en su capacidad de consensuar objetivos y programa político para defender en conjunto la democracia que el movimiento estudiantil y social ha venido proclamando. Defenderla de aquellos que buscarán que esto solo concluya en un cambio superficial más, evitando apuntar al problema estructural.