Publicado el 18 de noviembre de 2014

Movilización Docente desde las bases del Magisterio: un avance para el Movimiento Social y Estudiantil

(Fotografía: F. Basso)
[Columna de Opinión]


Bayron M. Velásquez Paredes

Presidente de FEUACh

Militante del Frente de Estudiantes Libertarios


Hoy, a lo largo y ancho del país, y en más de ciento cincuenta comunas, quienes trabajan de lunes a domingo se encuentran movilizados, teniendo paralizado el trabajo en las aulas donde se educan los hijos de las familias de Chile. Nuestros profesores se han aventurado en organizar la lucha por sus demandas históricas en un escenario sumamente adverso: por un lado, tienen un gobierno que cada vez demuestra más su desinterés por cumplir lo prometido, y por otro, se mantiene en sus organizaciones una directiva distanciada de lo que demandan las bases, que actúan servil al gobierno y a sus intentos por contener el movimiento social.

Claro ejemplo de ello es Jaime Gajardo, Presidente del Colegio de Profesores, quien  aceptó una propuesta del MINEDUC por vía telefónica sin antes consultar a las bases del Magisterio, con el fin de evitar una paralización agendada para el lunes 10 del presente mes. Este hecho ha desatado una explosión de malestar que ya se venía gestando al interior de la orgánica. Sumado a lo anterior, el bloqueo comunicacional es evidente, y resulta inaudito que una movilización presente en gran parte del país no esté siendo atendida por los medios de comunicación.

Los profesores de Chile están dando muestra de su compromiso con la lucha por una reforma estructural al modelo educativo, entendiendo que la calidad de vida y trabajo de los docentes es fundamental en la construcción de una nueva educación. Ellos han logrado organizarse al margen de las contradictorias decisiones de sus dirigentes, convocando desde las mismas bases a una gran cantidad de profesores a lo largo de todo el país para movilizarse de forma activa por los cinco puntos de la agenda corta, que corresponden a las demandas más sensibles que el profesorado viene levantando hace largos años.

La piedra angular del programa de la Nueva Mayoría se supone es atender el conflicto educacional,  sin embargo, con lo visto durante este 2014 en la incapacidad del gobierno de presentar una propuesta que responda a las demandas del movimiento estudiantil, como ahora con la negativa de dar soluciones concretas y reales a las reivindicaciones del profesorado, pareciera ser que había razón en decir que el advenimiento de esta coalición tiene por objetivo neutralizar los movimientos sociales que han venido tomando un lugar importante en el país, más allá de recoger sus demandas para trabajarlas desde el gobierno.

Desde el movimiento estudiantil debemos ver con buenos ojos y entusiasmo lo que hoy ocurre dentro del profesorado. Nuevos vientos de organización corren por dentro de un Colegio de Profesores que lleva años en el letargo, bajo una conducción concertacionista en la que las bases ya no depositan su confianza.

Los estudiantes debemos esmerarnos por articularnos de forma sólida y eficiente con este sector del profesorado que hoy se compromete con los cambios estructurales. Por otra parte, los docentes conscientes y cansados de la histórica dirigencia del Magisterio deben trabajar por revitalizar su órgano de lucha, logrando que el malestar desencadenado por el “telefonazo” no se pierda en lo meramente coyuntural, desarrollando una fuerza interna con la capacidad de destronar  a los dirigentes que en reiteradas veces han actuado con felonía y de espaldas a las bases.

Otorgar titularidad a los profesores a contrata, dar fin al agobio laboral, aumentar el ingreso mínimo de los docentes, instalar un bono de incentivo al retiro para sanar la miserable situación que sufren profesores jubilados, y formar una mesa de diálogo para pagar la deuda histórica pendiente desde la dictadura deben ser banderas de lucha que enarbolen tanto profesores como estudiantes, así como todas las familias de Chile, comprendiendo que la labor que realizan los docentes es fundamental para forjar una nueva sociedad más igualitaria, democrática, justa, no sexista, donde exista pleno resguardo de los Derechos Sociales.