Publicado el 28 de abril de 2016

Jorge Castañeda: La reforma laboral marca el fin del sindicalismo clásico

Fotografía www.chileb.cl/
Cada primero de Mayo implica una reflexión sobre la coyuntura sindical para los trabajadores y trabajadoras del país,  ineludiblemente, la conmemoración de este año estará cruzada por una evaluación de lo que fue la reforma laboral del gobierno, tema sobre el cual se ha escrito en extenso, sobre todo en cuanto a las implicancias que tendría el nuevo articulado para la realidad laboral del país. El saldo negativo que se evalúa desde el mundo sindical, así como de intelectuales especialistas en temas laborales, es quizás de amplio consenso. Sin embargo, mi intención en estas líneas pretende abordar un aspecto menos elaborado, y que guarda relación con la autoevaluación que como organizaciones sindicales debemos hacernos frente a esta derrota.

Meses de preparación de un proyecto de ley que fueron sucedidos por su paso en la cámara baja, la cámara alta, una comisión mixta, y que termina su tramitación legislativa con una impugnación en el tribunal constitucional, hacen pensar que el país ha generado un intenso debate para erigir una nueva institucionalidad laboral. Sin embargo, sabemos que esto no es así. Las épicas batallas que retrataban los titulares de los medios de prensa, en donde  se podía inferir una pugna entre los intereses de los trabajadores y trabajadoras por superar el plan laboral y las arremetidas empresariales por preservarlo, distan bastante de la realidad. No hay pugna alguna, si los márgenes del conflicto no exceden el marco neoliberal que imposibilita la redistribución de la riqueza en Chile, y por sobre todo, no hay pugna alguna si los trabajadores y trabajadoras poco tuvieron que ver en el tema.

Con o sin titularidad sindical, al menos como es concebida en la reforma, la negociación colectiva seguirá siendo un trámite excesivamente reglado, restringido a un periodo acotado de tiempo y por sobre todo, únicamente al nivel de empresa. Con o sin reemplazo de trabajadores/as en huelga, esta seguirá siendo inocua, el no poder contratar reemplazantes externos será contrarrestado con reemplazos internos (servicios mínimos, adecuaciones necesarias). Con o sin extensión de beneficios, los sindicatos seguirán siendo una anomalía dentro del mundo del trabajo (14% de sindicalización nacional), sobretodo ahora que se aumentaran los requisitos para constituir sindicatos. En fin, lo que se quiera ver como avance o retroceso en esta reforma, seguirá enfrascado en el espíritu del plan laboral de 1979.

Pero más allá de denunciar las contradicciones entre las declaraciones victoriosas del gobierno en cuanto al cumplimiento de sus propuestas y los hechos concretos, más allá de indignarnos con las canalladas de los sectores conservadores de la política y el empresariado, la pregunta que es central para los trabajadores y trabajadoras de Chile, si mantenemos la esperanza de "revertir el partido" en el futuro, es ¿Pudimos haber logrado algo mejor de este proceso?, pregunta que por supuesto implica un anhelo de aprendizaje colectivo a futuro.

Analicemos primero las herramientas con las que contábamos al iniciarse el proceso de reforma laboral. Primero que nada las organizaciones sindicales, incluida la CUT, poseían un elaborado diagnóstico sobre los vicios del código del trabajo y las modificaciones que son necesarias para superarlo. Décadas de padecer una institucionlidad laboral restrictiva han generado un amplio consenso sobre los objetivos a corto y mediano plazo en cuanto a un abanico de reivindicaciones posibles (negociación ramal, huelga efectiva, titularidad,etc). Por otro lado un gobierno que fue apoyado por la central de trabajadores/as más grande del país, que recogió al menos nominalmente elementos demandados por el mundo sindical y que además poseía mayoría parlamentaria haría esperar que mediante el ejercicio de suficiente presión de movilizaciones, se podría al menos conquistar algunos aspectos del pliego de reivindicaciones deseadas y que fueran capitalizables por un movimiento en re-constitución. Además,  y quizás el único favor que nos concedió el gobierno, fue instalar una problemática de larga data en la coyuntura nacional, en un contexto de explicita posibilidad de cambio al menos en términos comunicacionales, a saber "una reforma".

La nula voluntad política de la Nueva Mayoría para alejarse de los intereses empresariales ha quedado más que demostrada, existió en esta reforma como existió en el conflicto por la educación pública,  la ley del multirut, y como existirá en la reforma constitucional, entre otros. Esperamos, como trabajadores y trabajadoras, que al menos estas experiencias nos hayan permitido aprender que no podemos depositar nuestras expectativas de cambio en un conglomerado financiado ilegalmente por las grandes empresas. Por su parte la CUT encabezada por militantes del partido comunista, tuvo dos opciones dentro del proceso de reforma. Apostar a utilizar todo su limitado poder de movilización en conjunto con los sectores sindicales más vivos de Chile, que si apostaron por la movilización, la denuncia e incluso la elaboración de una propuesta concreta de articulado, presentada en la comisión de trabajo de la cámara de diputados, o por otro lado, cumplir con su rol dentro de la NM y garantizar la gobernabilidad del conglomerado, al costo de salir con las manos vacías del proceso de "reforma". El que, durante esta semana, el tribunal constitucional haya declarado admisible el alegato de la derecha de inconstitucionalidad de la titularidad sindical ,termina echando por tierra uno de los últimos llamados "avances" por parte de la multigremial. Por otro lado, sectores más radicales y minoritarios del mundo sindical, dedicaron más esfuerzo a lanzar sus dardos contra la CUT y tratar de organizar movilizaciones alternativas, que en tratar de consolidar un esfuerzo unitario que sobrepasara la inerte discusión sobre "si estar con la CUT o no".

Así el proceso se va cerrando con un corolario alarmante, y es que los actores menos relevantes de la reforma fueron los trabajadores y trabajadoras de Chile. Con un nivel de sindicalización precario, bases desconstituidas, organizaciones divididas y poco democráticas, lo que observamos es el colapso absoluto del modelo sindical clásico. Un modelo basado en la figura de los dirigentes como únicos actores relevantes, un modelo donde la política fue expulsada hace muchos años y donde priman más las animosidades personales, los ritos y la confortable pasividad de los avances en la medida de lo posible. En este escenario quizás la respuesta a la pregunta enunciada anteriormente sería negativa, y es que como trabajadores y trabajadores no tuvimos capacidad alguna de maniobra.

Sin embargo, si miramos la historia reciente, es posible observar algunas fisuras en el modelo clásico de sindicalismo, por ejemplo, en la rebelión de las bases en el colegio de profesores, lucha por ampliar la democracia al interior del magistrado y siendo capaces de pensar sus problemáticas más allá de lo estrictamente laboral (defensa de la educación pública). Elementos innovadores existen en las paralizaciones de la Unión Portuaria de Chile en solidaridad con problemáticas de otros sectores, o en los sindicatos de trabajadores y trabajadoras a honorarios como estructuras de resistencia frente a la externalización. Es esta nueva generación de actores sindicales, muchos de nosotros y nosotras jóvenes, los que deberemos tomar las riendas del movimiento sindical, y para esto no basta solo con disputar la dirección de este y generar un programa de transformaciones que exceda ampliamente el marco neoliberal, sino que será necesario profundizar la democracia del mismo como un ejercicio refundador de la sociedad en su conjunto. 

La derrota en la reforma laboral que atraviesa este primero de Mayo, marca el fin del sindicalismo clásico y abre un escenario en donde la política no podrá nunca más ser eludida. No la política de los administradores del modelo y sus correas de transmisión hacia lo sindical, sino que la política de los trabajadores y trabajadoras de Chile.

Jorge Castañeda
Presidente Federación de Trabajadores de Aseo y Ornato del SUR
FENASITRASUR
Militante de Izquierda Libertaria